Se fundó este restaurante hace más de medio siglo, en los años treinta, bajo los auspicios e iniciativa de un laborioso matrimonio - abuelos de los actuales dueños -, profundamente involucrados en la industria pesquera.
El, José, capitán y propietario de barcos de pesca. Ella, Snda, dueña directora y alma de una fábrica de conservas de pescado de importación-exportación de productos del mar. Como complemento de ésta industria abrieron éste restaurante , Bar del Puerto, situado en lo que era una Bodega-Taberna de bajo techo y pobre luz que sería también como lugar de reunión de pescadores cuando los malos tiempos invernales inpedían faenar en el mar. Se transformó en marisquería y freiduría de pescado con sus vinos y cervezas, siendo concurrido por las mismas gentes del mar y ahora del pueblo también.
|
Aquel lugar evolucionó, manteniéndose su propiedad y dirección siempre en la familia, pasando de abuelos a hijos y de estos a nietos, hasta el punto que hoy "El Puerto" es un hito en "Puertochico", nuestro barrio. Como antaño, este restaurante continua ofreciendo los más frescos pescados y mariscos capturados por pescadores locales a lo largo de la costa del Mar Cantábrico.
La darsena que se ve a través de nuestras ventanas panorámicas fue en el pasado el "El Muelle de Pescadores" de Santander. En los años cincuenta, por razones de estética, el Gobierno trasladó esta industria a otro lugar.
Mudos testigos de auqella época pasada son los muelles y rampas adoquinadas, todavía existentes, que fueron tantas veces abrigo, refugio y puerto de arribada de las flotas pesqueras del litorial en las duras galernas invernales del Golfo de Vizcaya.
Los pescadores de antaño descargaban sus capturas en esta dársena para, en carretas tiradas por caballos, trasladarlo al Almotacenia - lugar o edificio de subasta de pescado -, cuyo edificio todavía puede verse muy cerca de aquí. Las viejas cosas que vemos en este barrio fueron antaño las viviendas de los pescadores de este antiguo puerto pesquero cuyos trabajos, felicidades y penas tan magistralmente son descritos por José María de Pereda, escritor costumbrista local de aquella época.
|